El arte de los retratos a lápiz, años de trazos y emociones

Durante las últimas cinco décadas, los retratos a lápiz hechos a mano han mantenido viva una forma de expresión íntima y atemporal. En una era dominada por lo digital, el arte tradicional del dibujo a lápiz sigue siendo un puente directo entre el artista y el alma del retratado.

Desde los retratos hiperrealistas de los años 70 hasta las interpretaciones contemporáneas más libres y expresivas, cada trazo a grafito ha contado historias únicas: memorias familiares, rostros anónimos llenos de carácter o íconos culturales inmortalizados con precisión milimétrica.

El lápiz, con su simplicidad y versatilidad, sigue demostrando que no hace falta color para capturar la profundidad de una mirada o la fuerza de una expresión. Hoy, más que nunca, estos retratos nos recuerdan el valor de lo hecho a mano, con paciencia, detalle y pasión.